Wednesday, December 17, 2014

Sobre mi ausencia y los días en Argentina

Hola lectores!
Les cuento que ya he concluido el semestre en el colegio, y que actualmente disfruto de mis vacaciones de navidad, desde la isla donde es verano todo el año.
La última vez que les escribí, lo hice para contarles sobre mi próximo viaje a Argentina, sobre lo feliz que me encontraba de haber ganado el concurso, y que les contaría mi experiencia al regresar. Pues resulta que no pude hacerlo de inmediato, me encontraba ocupada al máximo con tareas pendientes de dos semanas de ausencia en el último mes de clase, una semana por mi experiencia en CILA 2014, y otra en la visita a Buenos Aires que este proyecto de blog me mereció. Luego, por si fuera poco, se me vino la semana de exámenes semestrales, y el tiempo apenas me dio para prepararme para los mismos.
Hoy ya todo eso es pasado, y me encuentro feliz porque este año resultó siendo uno de mis mayores éxitos, lleno de buenas experiencias y recuerdos para toda la vida.
De Argentina hay demasiado que contarles, así que lo resumiré todo con el pequeño ensayo que me pidieron escribir en clase de Español sobre el tan esperado viaje. Lo que cuento es cómo llegué a ganarlo, sobre lo que viví allí, narrándolo con un poco de poesía en prosa.

Reseña de mi viaje a Argentina
Mi viaje a Argentina fue una experiencia de la cual no me llegan más palabras que ‘‘inolvidable’’. El concurso del blog literario inició como un pasatiempo; a la noche, antes de dormir, me preparaba para reseñar un libro y contar mi experiencia como lectora desde algún aspecto del tema. Mas nunca imaginé que aquello me llevaría a ganar un boleto de avión completamente pago hacia una semana de diversión y aprendizaje en el país más meridional de América.
Trabajé durante ocho meses para crear un trabajo de calidad, motivándome en parte por ver aquel producto final digno de orgullo, y en parte por aquel premio dorado al concluir los sacrificios, y claro, cómo olvidar la satisfacción que escribir sobre lo mucho que amo leer me trae. Lo cierto es, que viajar sola a Buenos Aires me pareció una experiencia tan irreal que aún me cuesta digerirla.
Me atemorizaba tomar un vuelo lejos de algún conocido, para luego llegar a una ciudad aún más extraña para mí, y pasar cinco días de completa incertidumbre sobre lo que haría luego. Fue emocionante, para ser sincera, y no temería repetirla si se me diera la oportunidad.
Vi en Argentina una población diferente, libre, abierta al cambio, llena de orgullo nacional, e indiferente a las particularidades de las personas distintas; de aquellas que se peinan distinto, o se tiñen el pelo de un color  inusual. Vi una metrópolis contenida en un continente de prejuicios, encallada entre países que no dudan en fruncir el seño ante un tatuaje.
Buenos Aires es a ciencia cierta una ciudad cultural, con aires europeos y la inconfundible marca de Suramérica, con barrios adinerados y otros no tanto. Con parques de tal belleza que mirabas con incredulidad, y con edificios tan similares que parecía estar fríamente calculado. Era como si realmente hubiera organización, ¡vaya tesoro!
Una calle dedicada a las librerías es en Santo Domingo un sueño no realizado, mas en Buenos Aires era aquello un hecho más que tangible. Existía una librería para cada persona, para cada bolsillo, y para cada gusto en libros. Había tiendas y restaurantes en cada esquina, y existía en la mente del conductor algo de conciencia por el peatón. Vi en las mañanas de días laborables una nueva belleza, pues salían los ‘‘porteños’’  a ejercitarse y admirar el sol, sin importar el templado clima, aún existiera aquella realidad que en aquél momento para mí tan lejana era: el deber.
Si bien aquello era cierto, llegué a extrañar algo, y aquello era el calor de Santo Domingo. La inconfundible mala educación de los dominicanos, que a última instancia sabes que en algún momento compartes, por alguna razón me hacía falta. La descuidada, aunque astuta, manera de hablar de mi isla era algo que ya me costaba evitar, y más que todo, diría que la familiaridad con que cualquier extraño te trata en aquél rincón del Caribe era, y seguirá siendo, donde quiera que me encuentre, motivo de añoro.


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Y de no escribirles antes de navidad, les deseo a todos felices fiestas!


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